La vida tiene un sentido. Al final del viaje cenaremos juntos. Y se hará luz. Entonces percibiremos que el corazón ardía mientras hacíamos el viaje.
Y nos vendrán las ganas de reemprender el rumbo, de volver al encuentro de los que quedaron atrás. Porque los otros también esperan que vayamos a decirles: “Hemos visto al Señor".
